Saturday, November 19, 2005

La imagen de un mito

En 1613, se celebraron en la ciudad alemana de Dessau unas espectaculares fiestas. Todo gasto era pequeño para divertirse con la excusa del bautismo del heredero. Los herederos permiten soñar, antes y ahora, con un futuro posible, con la posibilidad de que el futuro nos depare esas sorpresas que el ahora se empeña en negarnos. Como toda fiesta de la época, se sucedieron a la salida de las misas los banquetes y los bailes, las mascaradas y las obras de teatro. Todo esfuerzo era pequeño para conseguir que los súbditos esbozaran sonrisas de placer y de satisfacción. Entre las mascaradas, como era ya habitual desde la presencia esporádica de un caballero portugués en las fiestas que en Valladolid se sucedieron en 1605 para celebrar el nacimiento de otro heredero –el futuro rey Felipe IV-, sobresalió en Dessau la que tenía a don Quijote y Sancho Panza como protagonistas, al caballero manchego y su fiel escudero, acompañados por el cura, el barbero, el enano que toca el cuerno, Dulcinea del Toboso o la “linda” Maritornes. En 1614 se publica un libro que da noticias de estas fiestas –el enorme gasto bien valía un poco de propaganda- y al final, apéndice genial, una serie de láminas con las representaciones de todas las mascaradas vistas, disfrutadas y reídas a lo largo de aquellos días llamados a ser inolvidables. Esta es la primera imagen de los personajes cervantinos, imagen que nos transporte a hacer cuatrocientos años, al mundo cortesano y caballeresco que encontró en el “Quijote” una fuente de risas y de carcajadas.
Un caballero andante, cuatrocientos años después, con su armadura completa, su lanza, su imagen entre melancólica y tópica, en especial a partir del genial trazo de Gustave Doré, destaca por un detalle que convierte esta imagen –tan universal, tan habitual- en única: unas blancas y relucientes zapatillas Reebook. No es necesario más eslogan que la imagen del caballero. No son necesarias más palabras. La imagen del mito se ha impuesto en el imaginario universal, más allá de culturas, geografías y tiempos.
En este arco de representaciones de don Quijote, desde las primeras –expuestas por primera vez todas juntas- hasta el uso publicitario de su figura, convertida ya en un mito, deambula la exposición: “Cuatro años de don Quijote por el mundo”, que, financiada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, se expondrá en Valladolid a partir del próximo 17 de noviembre. Exposición hija del magnífico número monográfico que la revista “Poesía” ha dedicado a las conmemoraciones quijotescas; sin duda, una de esas joyas, de esas escasas joyas que perdurarán entre tantos gritos y ecos como los que nos están ensordeciendo a lo largo de estos meses. Y en ambos proyectos Alcalá de Henares está presente gracias al Centro de Estudios Cervantinos.
Y así, en la exposición de Valladolid, las ilustraciones de Charles Antoine Coypel se multiplicarán en el tapiz francés del siglo XVIII o en la porcelana china; la edición académica de Ibarra de 1780 tendrá su contrapunto en unos azulejos con idénticos motivos y unos desconocidos dibujos de Juan Gris de tema quijotescos muestran cómo no ha habido genio que no haya dejado su impronta en la lectura del mito cervantino. Cine, música, fotografía, estampas, cuadros, tapices, cerámicas, libros y objetos publicitarios marcan las líneas maestros de la exposición; líneas maestras de un mito que se ha convertido en un gigante en estos cuatrocientos años, a partir de un libro, de ese objeto –casi minúsculo en su pobreza- que ocupa el lugar central de la exposición: los ejemplares de las ediciones madrileñas de 1605 y de 1615 del “Quijote” muestran cómo de un “pobre” libro en su apariencia puede nacer un mito, cómo los herederos pueden hacer realidad los sueños de sus progenitores.

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