Enrique Herreros
Enrique Herreros fue uno de los dibujantes más asiduos, mordaces y carismáticos de “La Codorniz”, de esa revista que llenó de risas –y de irónicas carcajadas- una España gris, en blanco y negro y mordazas en los ojos y en los corazones. Es la época de los “lugares propios para el amor” de Ángel González, o, al menos, así me gusta evocar este pasado que no es mío, pero que al leerlo o al escucharlo en las crónicas de quienes sí lo vivieron, se me hace presente como un fantasma, con sus años y su dentadura postiza, su buena colonia y la gabardina preparada cuando caen las primera gotas de lluvia.
Hace ya unos años, paseando por la bulliciosa Buenos Aires, la que todavía creía que no podía ser acorralada por sus políticos, dejándome perder por sus librerías de viejo, todo historia, polvo y amabilidad –siempre con ese acento porteño que tiende hacia la soberbia- me encontré entre sus estantes dedicados a la literatura española con una curiosa edición del “Quijote”. Edición voluminosa, de gran formato y mayor peso, con que la Junta Interminiesterial, creada por decreto del 26 de septiembre de 1963, conmemoraba el “XXVI Aniversario de la Paz Española”, con esa grandilocuencia que sólo habíamos oído en los textos romanos. Pero no me atrajo este hecho fetichista, sino una curiosa imagen de don Quijote en su cubierta: allí, don Quijote, jinete sobre Rocinante, mira triste y abatido cómo Sancho le enseña el galgo que acaban de ver a la entrada de su “lugar”, en el momento en que están a punto de volver a su hogar, con todos los malos augurios que esta aparición traía. No era un Quijote victorioso, ni en paz el que se había destacado en la portada.
Este fue el primer Herreros quijotesco que conocí, Herreros que me acompañó en las terminales de los aeropuertos de Buenos Aires, de Rio de Janeiro y de Sao Paulo, en los que cargué con él en la mano (para así evitar el exceso de equipaje), son sin cierta sorpresa de las azafatas que no podían creerse que presentara tal volumen con una sonrisa como mi lectura de mano.
Pero este no es el único Herreros quijotesco que existe, aunque por muchos años sólo sus familiares y amigos hayan podido disfrutar de las otras miradas del curioso dibujante sobre la genial obra de Cervantes. Un Herreros negro o expresionista vio la luz hace pocos años en una edición del “Quijote” publicada por Edad (1999), con prólogo de Umbral. ¡Qué Quijote tan lleno de sombras y de ahogada oscuridad! La línea ha dejado lugar a un pincel que parece querer alzarse por encima de las figuras. Más que mostrar, se intuye en el “Quijote” de Herreros una mirada triste y desconsolada, que no tiene fe en la llegada de nuevos tiempo. Un “Quijote” nacido en 100 dibujos que llevan la fecha de 1966.
Pero hay que esperar un poco de tiempo para la llegada de un nuevo Herreros: el “Quijote” cubista, en 53 dibujos, fechados por estos mismos años (1965 y 1967), que la misma editorial Edad publicara en 2002; un “Quijote” que vuelve a recuperar el color y las formas, pero ahora a través de una mirada que se rompe y se proyecta sobre el papel.
Estos tres Quijotes originales de Enrique Herreros, los originales de estos tres Quijote de Herreros pueden ahora apreciarse, degustarse y disfrutarse en la exposición que el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid ha organizado en su sede del Cuartel de Conde-Duque: dos salas con una selección de los dibujos permiten volver a ver con otros ojos, con tres nuevas miradas, un Quijote que se fue creando en la década de los sesenta. ¡Larga vida a la mirada de Herreros que nos devuelve un “Quijote” que, siendo trino, no deja de ser una sola sorprender visión de un genio sobre la obra de otro genio, como lo es el alcalaíno Miguel de Cervantes!
Hace ya unos años, paseando por la bulliciosa Buenos Aires, la que todavía creía que no podía ser acorralada por sus políticos, dejándome perder por sus librerías de viejo, todo historia, polvo y amabilidad –siempre con ese acento porteño que tiende hacia la soberbia- me encontré entre sus estantes dedicados a la literatura española con una curiosa edición del “Quijote”. Edición voluminosa, de gran formato y mayor peso, con que la Junta Interminiesterial, creada por decreto del 26 de septiembre de 1963, conmemoraba el “XXVI Aniversario de la Paz Española”, con esa grandilocuencia que sólo habíamos oído en los textos romanos. Pero no me atrajo este hecho fetichista, sino una curiosa imagen de don Quijote en su cubierta: allí, don Quijote, jinete sobre Rocinante, mira triste y abatido cómo Sancho le enseña el galgo que acaban de ver a la entrada de su “lugar”, en el momento en que están a punto de volver a su hogar, con todos los malos augurios que esta aparición traía. No era un Quijote victorioso, ni en paz el que se había destacado en la portada.
Este fue el primer Herreros quijotesco que conocí, Herreros que me acompañó en las terminales de los aeropuertos de Buenos Aires, de Rio de Janeiro y de Sao Paulo, en los que cargué con él en la mano (para así evitar el exceso de equipaje), son sin cierta sorpresa de las azafatas que no podían creerse que presentara tal volumen con una sonrisa como mi lectura de mano.
Pero este no es el único Herreros quijotesco que existe, aunque por muchos años sólo sus familiares y amigos hayan podido disfrutar de las otras miradas del curioso dibujante sobre la genial obra de Cervantes. Un Herreros negro o expresionista vio la luz hace pocos años en una edición del “Quijote” publicada por Edad (1999), con prólogo de Umbral. ¡Qué Quijote tan lleno de sombras y de ahogada oscuridad! La línea ha dejado lugar a un pincel que parece querer alzarse por encima de las figuras. Más que mostrar, se intuye en el “Quijote” de Herreros una mirada triste y desconsolada, que no tiene fe en la llegada de nuevos tiempo. Un “Quijote” nacido en 100 dibujos que llevan la fecha de 1966.
Pero hay que esperar un poco de tiempo para la llegada de un nuevo Herreros: el “Quijote” cubista, en 53 dibujos, fechados por estos mismos años (1965 y 1967), que la misma editorial Edad publicara en 2002; un “Quijote” que vuelve a recuperar el color y las formas, pero ahora a través de una mirada que se rompe y se proyecta sobre el papel.
Estos tres Quijotes originales de Enrique Herreros, los originales de estos tres Quijote de Herreros pueden ahora apreciarse, degustarse y disfrutarse en la exposición que el Museo Municipal de Arte Contemporáneo de Madrid ha organizado en su sede del Cuartel de Conde-Duque: dos salas con una selección de los dibujos permiten volver a ver con otros ojos, con tres nuevas miradas, un Quijote que se fue creando en la década de los sesenta. ¡Larga vida a la mirada de Herreros que nos devuelve un “Quijote” que, siendo trino, no deja de ser una sola sorprender visión de un genio sobre la obra de otro genio, como lo es el alcalaíno Miguel de Cervantes!

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