Thursday, October 06, 2005

Jean Canavaggio

La Universidad de Alcalá fue durante muchos años –y no sé si todavía lo sigue siendo- la única Universidad española que en su plan de estudios tenía como asignatura obligatoria “Cervantes y su época”. Yo tuve la suerte de poder cursarla bajo la sabia batuta de Mª Cruz García de Enterría. Y en estas clases escuché por primera vez el nombre de Jean Canavaggio, siempre acompañado de adjetivos de admiración y de respeto. Su “Cervantes” se convirtió en nuestro libro de cabecera, y en él encontramos respuestas a las dudas y preguntas que en nuestras mentes de estudiantes no dejaban de nacer, crecer y reproducirse. Desde aquel entonces, Canavaggio se ha quedado como marca de rigor y de autoridad.
Cuando comencé a trabajar en el Centro de Estudios Cervantinos, uno de mis primeros encargos fue la edición de un libro que llevaba dos años preparándose, pero que, por mil avatares, se seguía sin publicar. El libro era una recopilación, traducción y revisión de trabajos de uno de los cervantistas más prestigiosos y autorizados del siglo XX: Jean Canavaggio. Así tuve la oportunidad de conocerle personalmente, mientras era director de la Casa de Velásquez en Madrid. Aún recuerdo mi emoción cuando se abrió la puerta de su despacho y en su marco se dibujó la silueta de un caballero de los del Siglo de Oro: delgado, alto y con un gesto amistoso en su mano que se multiplicaba en su siempre generosa sonrisa. Entré en su despacho, hablamos un poco de su libro, de los cambios que quería introducir, de algunas erratas que había que corregir y de una nueva ilustración en la portada… y luego hablamos mucho de literatura, de Cervantes, de libros de caballerías y de proyectos de futuro. Pues si algo sorprende en Jean Canavaggio cuando se le conoce es su inagotable pasión por todo lo que le rodea. El libro salió a los pocos meses, y “Cervantes, entre vida y creación” que se ha convertido en uno de los textos más vendidos de los publicados por el Centro de Estudios Cervantinos.
En estos años, han sido varias las ocasiones en que nos hemos visto y en las que he podido recuperar ese gusto por la charla y por el diálogo de Canavaggio, en ocasiones delante de un menú universitario en su universidad, Paris X-Nanterre. Durante este año, siempre a lomos del “Quijote”, en Madrid, Valladolid, Ginebra hemos compartido mesas de conferencias y coloquios cervantinos, y en todas la ocasiones siempre he vuelto a sentir la misma sensación que me inundó cuando era estudiante en Alcalá de la asignatura “Cervantes y su tiempo”: es un sabio, un verdadero maestro. Uno siempre termina aprendiendo algo después de haber compartido unos minutos con él.
¡Enhorabuena, Jean, por este premio que te entrega la ciudad de Alcalá, en reconocimiento a tantas páginas tuyas loando la que fue cuna de Cervantes! ¡Enhorabuena, una vez más! ¡Y bienvenido a tu ciudad!

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