Monday, September 05, 2005

A por las vacaciones

Ya ha llegado el momento de poner un paréntesis en estas citas semanales, momento de ese cerrar las ventanas, coger la maleta y comprobar, una y otra vez, que llevamos billete, pasaporte y dinero camino del aeropuerto. Ha llegado el momento de abandonar los calores de este Alcalá que bien parece un infierno para buscar la brisa invernal de Argentina, de ese norte de Argentina que me espera a golpe de avión y de citas organizadas.
Es también el momento para volver la vista atrás y hacer balance de estos meses de compañía semanal y de entreabrir lo que el resto de los meses nos depara; pero sólo entreabrir, que las vacaciones bien vale que se disfruten con una sonrisa. Hemos superado ya el ecuador de las celebraciones quijotescas, y a decir verdad, lo hemos hecho con más pena que gloria. El caos se ha adueñado de los responsables políticos y la fiebre de la celebración ha hecho saltar los termómetros del sentido común. Las promesas electorales de Zapatero de convertir el “Quijote” y su centenario en motor de la cultura española, se han quedado en eso, en meras promesas, y ahí está la Sociedad Estatal presidida por José Manuel Blecua para certificar su muerte; Castilla-La Mancha sigue en su triunfal desfile para conseguir fondos y multiplicar sus actos, mientras que Alcalá de Henares bien puede mirar con esperanza el futuro, ya que ha sabido convertirse en la capital de las celebraciones quijotescas en Madrid, lo que no es poco. Ahora despende de todos nosotros que esta semilla de visitantes y de promoción siga creciendo en los próximos años.
Pero aún la historia de las celebraciones del IV Centenario del Quijote está por escribirse: a pesar de las decenas de exposiciones organizadas, a pesar de los montajes teatrales, más o menos originales, que hemos visto, a pesar de las mil conferencias, congresos, mesas redondas, seminarios y cursos de verano que se han multiplicado dentro y fuera de España; a pesar, en fin, de cierto cansancio de los medios de comunicación, que han agotado sus números monográficos y programas especiales, el IV Centenario del Quijote todavía nos reserva sus mejores galas y sus actos más costosos –los más absurdos, sin duda.
Nos espera un otoño y un invierno calentitos, con mil actos quijotescos que acabarán con nuestra paciencia: el Prado, el Conde Duque, el Reina Sofía… se llenarán de colores y de objetos cotidianos de la época de Cervantes, sin olvidar ese millón de euros que Boadella ha cobrado por su montaje quijotesco… Si los políticos no lo pretendían, con tanta descoordinación en el centenario, han conseguido lo que mucho temíamos: que el “Quijote” termine por aburrir, por cansar y resultar odioso… menos mal que siempre nos queda el texto del “Quijote”, en tantas ediciones –antes y después de las estrategias comerciales de hoy en día-, en versiones infantiles, juveniles o en antologías. No importa. Siempre nos queda el texto genial de Cervantes para reconciliarlos con el Quijote. Leer el Quijote, leerlo a ratos, completo, en orden o con un pulso caótico… no importa, leer el Quijote como el mejor antídoto para tantas locuras como estamos pagando con nuestros impuestos durante este año… y ¡que Rocinante nos encuentre confesados a la vuelta de las vacaciones!

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