Monday, September 05, 2005

Lo que dejé por ti

Parece que la RESAD, la Real Escuela de Arte Dramático, se ha empeñado en devolvernos la fe en el teatro. Ahora que Madrid se llena de espectáculos con la llegada del verano y del espejismo del aire acondicionado, ahora que Madrid parece que quiere dar un respiro a los actores, directores y autores, como quien les saca de las catacumbas; ahora que los festivales se multiplican, y con ellos los tonos de mil acentos y de mil formas de entender el teatro, la RESAD pone fin a su año de clases y los nervios de los actores y directores que tienen que aprobar el último examen hacen temblar el edificio de emociones y de genialidad. Hace unos meses hablé aquí mismo de Presas, de una de esas obras que, por su calidad, ha dado el salto de las aulas de la RESAD a los teatros de Madrid (desde el próximo día 30 de junio en la sala Triángulo), y ahora no puedo dejar tampoco de compartir otro examen, otra obra, otra magnífica experiencia teatral: “Lo que dejé por ti”, disfrutada en una de sus aulas. “Tengo hambre. Busco… no tengo noticias de ti, amor. Tengo sed. Busco… pronto estaremos de nuevo juntos. Tengo miedo. Busco… sé que esto es sólo por un tiempo. Tengo… que sobrevivir! Sí… creo que he encontrado la razón… sobrevivir: esa es la palabra”. Así comienza “Lo que dejé por ti”, una sobrecogedora obra escrita por el alcalaíno Ernesto Filardi, que, poco a poco, está abriéndose camino como uno de los directores y dramaturgos más interesantes en el teatro español (no olviden este nombre, que dará mucho que hablar en los próximos años). Ernesto ha sido capaz de hilvanar una historia sobre la emigración, sobre la humanidad, sobre nosotros mismos a partir de la palabra de cuatro mujeres, de cuatro experiencias, de cuatro vidas que se van desarrollando a medida que los cuatro cubos de la escenografía minimalista se mueven. Uno no puede dejar de mirar sus manos cuando hablan, porque son ellas las que emiten las palabras, mientras que a las bocas les toca ahora disfrutar de la danza, mientras sus cuerpos se van moviendo por la geografía de las miserias humanas con la misma facilidad con que nosotros nos encaminamos al trabajo. Cuatro actrices (Ainhoa Santamaría, Déborah Vukusic, María Herrero y Alicia Calôt) de la mano de un excelente director (José Herrero) convierten “Lo que dejé por ti” en una sinfonía de palabras, de sentimientos, de recuerdos que no te dejan indiferente. Hay algo en la obra que te taladra, hay algo que te despierta; hay mucho en la representación que te devuelve la fe en el teatro: cuatro actrices que se multiplican, que se van superponiendo pieles de otras culturas y de otros sexos; sólo es necesario un sombrero, un gesto, un tic para reconocer a ese personaje que hace un momento te ha hecho llorar y que ahora sonríe enseñándote cómo el corazón es un músculo que también se alimenta de esperanza.
“Lo que dejé por ti”, después de ver algunas de las grandes producciones que llenan las ciudades de carteles publicitarios y de mediocridad, de montajes espectaculares que ahogan la palabra dramática bajo los efectos especiales, le devuelven a uno la fe en el teatro de verdad, el que confía en la palabra (la magnífica palabra escrita por Ernesto Filardi) que se hace realidad gracias a cuatro actrices que han convertido su cuerpo en una emotiva y rompedora visión de la emigración en nuestra sociedad, en esta sociedad que, poco a poco, se va quedando sin palabras, que ya casi ni el 0’7 de autocrítica le queda.

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