Sunday, June 26, 2005

QUIJOTITO

Hace unas semanas, mientras estábamos montando la exposición El Delirio y la Razón: don Quijote por dentro, en la Capilla del Oidor, Lola, la hija de Mario San Juan, nos dejó a todos con la boca abierta. Con el desparpajo y la libertad de sus siete año, paró en seco los comentarios de su padre: “No, papá, este es Alonso Quijano y no don Quijote, no te confundas”. La seguimos, entre asombrados y divertidos, mientras deambulaba entre los objetos que permanecían descolocados a la espera de su lugar definitivo, y a todos les guardaba un comentario y una sonrisa: “¡Mira, este el yelmo de don Quijote! ¡Mira, papá, la venta se convierte en un castillo! ¡Ay, cómo me gustan las marionetas de maese Pedro!”. Sólo se calló al llegar a la Cabeza Encantada. Apretó con fuerza la mano de su padre y le miró de manera cómplice, y entre susurros le dijo: “Me da miedo, papá”. Orgulloso, Mario, nos confesó: “Se sabe mejor el Quijote que yo. Lo leen todas las semanas en el colegio y ha terminado por entusiasmarla”.
Para una generación de niños, al menos durante este año, los nombres de don Quijote, Sancho Panza, Rocinante o Dulcinea del Toboso, no serán sinónimos de aburrimientos y de tediosas explicaciones en el aula. Todo lo contrario. Gracias a las actividades extraescolares, los talleres en clase, las mil y una actividades de mismos, actores y profesores, el Quijote se ha llenado de colores y de risas en manos de los niños. Y a este abanico de sorpresas se han sumado las decenas de versiones del Quijote para niños, algunos mejores que otros, pero todos ellas, espectáculos de colores y de dibujos. Me comentaba no hace mucho tiempo, entre risas cómplices, Rosa Navarro cómo se había convertido la traducción al catalán de su Quijote para niños en el best-seller de la temporada. El Quijote está de moda entre los más pequeños.
Las aventuras de don Quijote y de su escudero Sancho Panza, en el que llevamos trabajando desde hace dos años el Museo Casa Natal de Cervantes y el Centro de Estudios Cervantinos, viene a destacar la mirada de los niños de un libro destinado a los niños. Esta ha sido nuestra propuesta dentro de las cientos de voces (y miles de ecos) que celebran el IV Centenario de la publicación del texto cervantino: un Quijote para niños ilustrado por niños. Cuando le propuse la idea a los (entonces) responsables de la Comunidad de Madrid, nunca pude imaginar la gracia del libro final, la calidad de sus dibujos y la gracia de sus visiones y miradas.
Y al pasar sus hojas, ahora impresas gracias a la eficiente coordinación de Charo Melero y Marina Prieto, uno puede rescatar los esfuerzos de la monitora de los talleres, Pepa Rueda, para acallar tanto griterío, tantas risas, leyendo este nuevo texto del Quijote, adaptación que he realizado junto a Diana Calderón y a Nieves Sánchez Mendieta. Los niños han disfrutado escuchando, leyendo, ilustrando el Quijote. Y esta risa se nota en sus dibujos, en este Quijote que sigue conquistando lectores, que permite pensar que, a pesar de tantos esfuerzos durante este IV Centenario de convertir el Quijote en un texto aburrido, seguirá teniendo nuevos lectores. Gracias a tantos niños que se acercan al Quijote, que lo siguen leyendo con sus miradas libres; gracias a los que se quieran acercar al Museo Casa Natal de Cervantes para comprar su Quijotito.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ

0 Comments:

Post a Comment

<< Home