PRÓRROGA
Nunca está de más acercarse al Diccionario de la Real Academia Española en busca del significado exacto de una determinada palabra. Nunca está de más acercarse a las frías y –presuntamente- objetivas definiciones del diccionario. Prórroga, en su primera acepción, se nos dice que es: “Continuación de algo por un tiempo determinado”. “Algo” que ha empezado en un momento preciso con una fecha de caducidad… pero que se continuará también en un tiempo determinado, ya que alguien ha decidido modificar su fecha de caducidad. Lo cierto es que los diccionarios deberían estar llenos de más adjetivos, que las definiciones académicas tienden a la sobriedad cuando es la exuberancia de nuestra lengua lo que la hace genial y única.
Y ese “algo” que ahora me llena de alegría es la exposición Don Quijote, un mito en papel (60 joyas bibliográficas en la Comunidad de Madrid), que se inauguró en la sala de exposiciones Santa María la Rica el pasado 28 de febrero, con un tiempo determinado de duración: 28 de marzo. En el acto de presentación, el alcalde lanzó un deseo al aire: que la exposición se prorrogase, que ese “algo” que estábamos por inaugurar durase más allá del tiempo previamente determinado, que su fecha de caducidad se ampliase, al menos, un mes. Y así ha sido: la exposición seguirá teniendo abiertas sus puertas hasta el 28 de abril, un mes de vida, de esplendor de joyas bibliográficas, que ya ha sido disfrutada por miles de visitantes durante este primer mes.
Y permítanme una confesión, una de esas veras que voy mezclando entre tantas burlas: he ido varias veces a visitar la exposición, sólo o con amigos. Siempre que he tenido un hueco, he ido a comprobar el estado de los libros, la temperatura, la iluminación… bueno, esos detalles que nos gusta tanto controlar a los comisarios. Pero sobre todo, a decir verdad, he ido a ver la reacción de los visitantes ante esos libros que, como aves que se lanzan al vuelo, hemos colocado en jaulas de cristal. Y siempre he visto la misma reacción: la visita que se pensaba rápida, fulminante y aburrida se llenaba de lecturas de los paneles, de deseos de conocer cada detalle de las cartelas de los libros, de comentarios que se iban llenando de erudición a medida que se dejaban atrás las salas y las vitrinas.
No hay prórroga a mi gratitud a todos aquellos que han hecho posible esta exposición: es un “algo” que no nació por un tiempo determinado; es “algo” que siempre recordaré, que agradeceré por haber hecho posible que miles de personas se acerquen a los libros antiguos con una sonrisa. Nunca la cultura debe estar reñida con el entretenimiento. Así nos lo enseñó Cervantes con su Quijote. Así lo debemos “prorrogar” siempre en nuestro recuerdo: es el mejor homenaje que le podemos hacer al complutense.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ
Y ese “algo” que ahora me llena de alegría es la exposición Don Quijote, un mito en papel (60 joyas bibliográficas en la Comunidad de Madrid), que se inauguró en la sala de exposiciones Santa María la Rica el pasado 28 de febrero, con un tiempo determinado de duración: 28 de marzo. En el acto de presentación, el alcalde lanzó un deseo al aire: que la exposición se prorrogase, que ese “algo” que estábamos por inaugurar durase más allá del tiempo previamente determinado, que su fecha de caducidad se ampliase, al menos, un mes. Y así ha sido: la exposición seguirá teniendo abiertas sus puertas hasta el 28 de abril, un mes de vida, de esplendor de joyas bibliográficas, que ya ha sido disfrutada por miles de visitantes durante este primer mes.
Y permítanme una confesión, una de esas veras que voy mezclando entre tantas burlas: he ido varias veces a visitar la exposición, sólo o con amigos. Siempre que he tenido un hueco, he ido a comprobar el estado de los libros, la temperatura, la iluminación… bueno, esos detalles que nos gusta tanto controlar a los comisarios. Pero sobre todo, a decir verdad, he ido a ver la reacción de los visitantes ante esos libros que, como aves que se lanzan al vuelo, hemos colocado en jaulas de cristal. Y siempre he visto la misma reacción: la visita que se pensaba rápida, fulminante y aburrida se llenaba de lecturas de los paneles, de deseos de conocer cada detalle de las cartelas de los libros, de comentarios que se iban llenando de erudición a medida que se dejaban atrás las salas y las vitrinas.
No hay prórroga a mi gratitud a todos aquellos que han hecho posible esta exposición: es un “algo” que no nació por un tiempo determinado; es “algo” que siempre recordaré, que agradeceré por haber hecho posible que miles de personas se acerquen a los libros antiguos con una sonrisa. Nunca la cultura debe estar reñida con el entretenimiento. Así nos lo enseñó Cervantes con su Quijote. Así lo debemos “prorrogar” siempre en nuestro recuerdo: es el mejor homenaje que le podemos hacer al complutense.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ

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