GINEBRA
Ginebra, la “Roma protestante”, vive arropada por el murmullo calvinista de los silencios no siempre bien interpretados. Hay algo en Ginebra que te acerca al París más mundano; hay algo en Ginebra que te aleja hasta los abismos más aterradores de corazón del hombre, de ese hombre que se niega a sí mismo y que busca en el sufrimiento su única razón de vida. Ginebra es una ciudad tranquila –hasta el hastío-, una ciudad en la que se desea que pase algo, lo que sea… pero es una ciudad con la conciencia tranquila: sabe –y lo sabe desde la llegada de los miles de protestantes franceses que huían de las represiones- que nunca pasa nada, que nunca va a pasar nada.
En Ginebra se ha celebrado durante estos días un simposio internacional sobre el Quijote: “Cervantes y los orígenes de la modernidad europea”, bajo la batuta, siempre experta, de los profesores Carlos Alvar, Jenaro Talens y Henriette Partzsch. Congreso que nos ha reunido a expertos franceses, españoles, italianos y suizos alrededor de la obra del alcalaíno universal… y nunca deja de sorprenderme y fascinarme este hilo conductor: una vez más el milagro del Quijote y de Cervantes se desarrolla ante nuestros ojos, ya que personas de diferentes culturas, geografías y perspectivas de estudio nos concentramos alrededor de un mismo tema –el Quijote- e idéntica obsesión: la comprensión de las bases de la cultura moderna, tal y como hoy la entendemos. Y junto a los grandes maestros –Jean Canavaggio, Augustin Redondo, Evangelina Rodríguez o Florencio Sevilla-, las nuevas generaciones de filólogos y de estudiosos, brillantes en sus ideas y en sus exposiciones: Cristina Castillo, Elisabet Magro o José Julio Martín Romero.
Y de la mano de Cervantes, del autor que nunca pisó sus calles y que en poco podía sentirse atraído por ese espíritu calvinista que todo lo impregna en Ginebra, uno no puede dejar de pensar en Jorge Luis Borges, en ese Borges, de la mano –siempre férrea- de María Kodama, que debía pasear por su calles, tan diferentes, tan alejadas, tan abismalmente contrarias a su Buenos Aires querido. Borges está enterrado en el cementerio de Plainpalais en Ginebra, y más exactamente, su tumba ocupa el número 735, en esas clandestinas matemáticas en que el cementerio ginebrino ha sido convertido. Un mapa a la entrada del cementerio, una lista de apellidos y una ubicación exacta –D6- y la tumba de Borges aparece como por arte de magia ante nuestros pasos reverenciales. Frente a la Recoleta porteña de Buenos Aires, tan cantada y tan admirada por Borges, toda ella cementerio de piedra y de mausoleos en el corazón de la Argentina, el cementerio de Plainpalais de Ginebra sobresale por el verde de sus campos y la frondosidad de sus árboles, ahora habitados por decenas de pájaros. La tumba de Borges en Ginebra, frente al fervor pétreo de la Recoleta, a las estatuas que terminan por confundirse con los turistas o las esquinas de mármol que marcan las líneas maestras de la posición social que cada cual ocupa, se reduce a una piedra con una inscripción y un relieve anglosajón: “And the forthtedon na”, y un nombre acompañado de una fecha: “Jorge Luis Borges. 1899-1986”. Suelo de flores y de verde pasto que limita su pequeña anatomía. Todo en Ginebra termina por estar impregnado por el espíritu calvinista. Hasta la tumba de Jorge Luis Borges.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ
En Ginebra se ha celebrado durante estos días un simposio internacional sobre el Quijote: “Cervantes y los orígenes de la modernidad europea”, bajo la batuta, siempre experta, de los profesores Carlos Alvar, Jenaro Talens y Henriette Partzsch. Congreso que nos ha reunido a expertos franceses, españoles, italianos y suizos alrededor de la obra del alcalaíno universal… y nunca deja de sorprenderme y fascinarme este hilo conductor: una vez más el milagro del Quijote y de Cervantes se desarrolla ante nuestros ojos, ya que personas de diferentes culturas, geografías y perspectivas de estudio nos concentramos alrededor de un mismo tema –el Quijote- e idéntica obsesión: la comprensión de las bases de la cultura moderna, tal y como hoy la entendemos. Y junto a los grandes maestros –Jean Canavaggio, Augustin Redondo, Evangelina Rodríguez o Florencio Sevilla-, las nuevas generaciones de filólogos y de estudiosos, brillantes en sus ideas y en sus exposiciones: Cristina Castillo, Elisabet Magro o José Julio Martín Romero.
Y de la mano de Cervantes, del autor que nunca pisó sus calles y que en poco podía sentirse atraído por ese espíritu calvinista que todo lo impregna en Ginebra, uno no puede dejar de pensar en Jorge Luis Borges, en ese Borges, de la mano –siempre férrea- de María Kodama, que debía pasear por su calles, tan diferentes, tan alejadas, tan abismalmente contrarias a su Buenos Aires querido. Borges está enterrado en el cementerio de Plainpalais en Ginebra, y más exactamente, su tumba ocupa el número 735, en esas clandestinas matemáticas en que el cementerio ginebrino ha sido convertido. Un mapa a la entrada del cementerio, una lista de apellidos y una ubicación exacta –D6- y la tumba de Borges aparece como por arte de magia ante nuestros pasos reverenciales. Frente a la Recoleta porteña de Buenos Aires, tan cantada y tan admirada por Borges, toda ella cementerio de piedra y de mausoleos en el corazón de la Argentina, el cementerio de Plainpalais de Ginebra sobresale por el verde de sus campos y la frondosidad de sus árboles, ahora habitados por decenas de pájaros. La tumba de Borges en Ginebra, frente al fervor pétreo de la Recoleta, a las estatuas que terminan por confundirse con los turistas o las esquinas de mármol que marcan las líneas maestras de la posición social que cada cual ocupa, se reduce a una piedra con una inscripción y un relieve anglosajón: “And the forthtedon na”, y un nombre acompañado de una fecha: “Jorge Luis Borges. 1899-1986”. Suelo de flores y de verde pasto que limita su pequeña anatomía. Todo en Ginebra termina por estar impregnado por el espíritu calvinista. Hasta la tumba de Jorge Luis Borges.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ

2 Comments:
Hola, Jose Manuel, me alegro de encontrarte en la blogosfera. Precisamente buscaba información sobre la tumba de Borges ya que mañana voy a Ginebra (paso los meses de verano en Lyon). Un saludo del que fue este año tu alumno en "Informática y textos literarios", Javier Moreno.
damn good blog, check out mine http://juicyfruiter.blogspot.com, comments always welcome!
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