Sunday, June 26, 2005

FRANCISCO DE GOYA Y EL QUIJOTE (I)

El joven pintor, ese joven aprendiz de todo que era Francisco de Goya en 1777 no podía creérselo; al final, todos sus esfuerzos y desvelos en la corte, en esa corte madrileña en que las Academias se llenaban de acentos valencianos, empezaban a dar sus frutos: la Real Academia Española le había pedido que realizara uno de los dibujos para la edición del Quijote que llevaba preparando desde 1773. A principios de 1776, los rumores habían llenado de suspiros y sonrisas cómplices los salones, unos rumores que hablaban que José del Castillo, el hasta entonces intocable pintor del rey, no estaba cumpliendo con los plazos de entrega de los dibujos originales y que algunos académicos habían comenzado a mostrar en público su disgusto y desacuerdo. Era un rumor que se había instalado en el arco de las posibilidades con el calificativo de certeza y el 2 de julio de 1776 se le pagaron los ocho dibujos ya entregados y se abrió el proyecto académico a otros pintores. Ahora sólo quedaba esperar y ya la espera había llegado a su fin.
A Goya le tocó ilustrar el episodio de la Aventura del rebuzno. Junto con el encargo le hicieron llegar una hoja con las instrucciones precisas para su representación: “Se figurará en un campo un escuadrón de gentes, unos a pie y algunos a caballo…”, que Goya siguió al pie de la letra; no era cuestión que cometiera un error en la siempre resbaladiza corte madrileña. Entregó puntualmente su dibujo, cobró, como el resto de los pintores, 900 reales, y a los pocos meses, Fabregat grabó su dibujo en una espléndida estampa.
En 1780, siete años después de haber comenzado a idear la empresa, Joaquín Ibarra termina de imprimir en su taller madrileño la edición de la Real Academia Española del Quijote. Una magnífica edición en cuatro tomos, excelente el papel y mejores los nuevos tipos fundidos. Magnífica la edición y magníficas las estampas… pero aquel dibujo de Goya, aquella estampa grabada por Fabregat a partir del dibujo de Goya nunca llegó a incorporarse a la edición.
El joven pintor Francisco de Goya, ese no tan joven pintor en la corte madrileña de 1780, no debió sonreír cuando llegó a sus manos el primer ejemplar de la edición del Quijote de 1780. Los rumores corrían por la corte, pero él nunca quiso darles más crédito.
En la exposición Don Quijote, un mito en papel, en Santa María la Rica, puede admirarse uno de los ejemplares de la edición del Quijote de 1780, y por supuesto, un ejemplar sin la estampa ideada por Goya en 1777.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ

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