Sunday, June 26, 2005

DON QUIJOTE POR DENTRO

No hay ninguna duda: El Ingenioso Hidalgo don Quixote de la Mancha fue escrito por Cervantes para que sus lectores se murieran de risa. Literalmente. Libro de caballerías de entretenimiento que había hecho del humor su columna vertebral, su arquitectura narrativa. Todo en la primera parte del Quijote, de ese primer texto caballeresco ideado por Cervantes, está para provocarnos una carcajada: desde esa primera “victoria” que condena al niño Andrés a recibir el doble de palos hasta ese “trotillo” entre divertido y atrevido de Rocinante, cuando libre de su montura, huele a las yeguas gallegas en medio el prado, dando lugar a una de las escasas escenas eróticas que dejó traslucir Cervantes en su novela… y ahí están los gritos y exclamaciones del hidalgo Alonso Quijano cuando cree vivir un libro de caballerías recién leído en su biblioteca, donde destacan la Aventura de los molinos de viento, de Clavileño, el Retablo de Maese Pedro, la Cabeza Encantada o esos curiosos y razonables juicios de un Sancho Panza sin juicio, que se cree (y al creérselo, lo es) Gobernador de la Ínsula Barataria.
Ríos de carcajadas, que se entremezclan con sesudos y retóricos discursos y enseñanzas sobre mil asuntos, que van a dar al mar de la muerte del hidalgo Alonso Quijano, que tiene el sobrenombre de “Bueno”, que antes de morir ha renunciado a seguir con el disfraz de don Quijote de la Mancha para que otro autores, como el falso Avellaneda, no se atrevan a disfrazarse de Cervantes después de su propia muerte.
El Quijote se leyó entre carcajadas en 1605, llenando las calles de Madrid y de toda Castilla de sonrisas y de carcajadas. Siempre se recuerda una anécdota que bien resume este momento: el rey Felipe III desde la ventana de su palacio ver cómo un estudiante se muere de risa mientras lee un libro. Vuelto a su consejero, le dice: “O ese estudiante está loco, o está leyendo las aventuras de don Quijote”. En los primeros decenios del siglo XVII, se podían contar con los dedos de una mano las personas que no hubieran leído o escuchado las historias de nuestro caballero andante.
El Quijote, cuatrocientos años después, vuelve a ser uno de los libros de ficción más vendidos… ¿pero se lee ahora con la misma intensidad, con el mismo universal aplauso que en 1605?
Parece ser que no. Poco se lee el Quijote y mucho debemos esforzarnos para que su lectura sea llave para entrar en el mágico universo de la literatura. Estas celebraciones quijotescas del 2005 deberían tener esta doble finalidad: por una lado entretener y enseñar sobre el Quijote, sobre el texto, el mito y sus lecturas, en estos cuatrocientos años; y por otro, convertirlo en bisagra para que los jóvenes (y no tan jóvenes) vuelvan a la lectura, de cualquier libro, de cualquier género, como una parte más de su ocio y de su aprendizaje. En esta doble finalidad deberemos todos involucrarnos para que los fastos del hoy no se conviertan mañana en simples fuegos de artificio. Y con esta pretensión hemos montado desde el Centro de Estudios Cervantinos la exposición El delirio y la razón, don Quijote por dentro, que ahora puede disfrutarse en la Capilla del Oidor: una visita que entretenga, admire y divierta para que se convierta en llave maestra que abra a sus miles de visitantes las puertas de la lectura. El tiempo, ese sabio escultor, será el que nos muestre si hemos dado en la diana.

ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ

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