CLIO
El pasado miércoles, 30 de marzo, la mirada crítica de Forges nos regaló una sonrisa y una reflexión desde su viñeta de El País. Intento describirla: un hombre llega a casa, y mientras cuelga el abrigo, le comenta a su mujer, que está sentada en el sofá leyendo un libro: “Cuando cruzaba el descampado, si no llego a estar al loro, me dan un seminario sobre el Quijote”. “¿Eran muchos?”, le pregunta ella. “3 académicos y un filólogo”, responde. “Virgensanta”.
Comenzamos un nuevo mes, un mes que podríamos bautizar el del libro, con el 23 de abril como centro y la entrega del Premio Cervantes como evento estrella, en especial para nuestra querida Alcalá. Será el mes de las semanas culturales en todos los centros educativos, el mes de los programas especiales en televisiones, radios, periódicos, semanarios… Como no estemos al loro, nos van a bombardear con lugares comunes, con medias verdades y mentiras completas. Es cierto que los académicos y los filólogos estamos haciendo de este centenario una montaña de bostezos (o al menos, la gran mayoría); pero no es menos cierto que no somos los más atrevidos, los más escandalosos, los más falsos y los más peligrosos en estos momentos. Permítanme acercarme desde esta ventana abierta en un periódico a otro de estos gremios, que llenan minutos de televisión y radio, y líneas y líneas en diversas publicaciones. Me refiero, como no podía ser de otro modo, a los periodistas.
Un hombre llega a su casa, después de una larga jornada, y mientras cuelga su abrigo, le comenta a su mujer que está leyendo un libro sentada en el sofá: “Cuando venía por la calle, si no llego a estar al loro, me dan una tertulia sobre el Quijote, me regalan un artículo monográfico sobre Dulcinea del Toboso y me preguntan sobre el precio del libro en 1605”. “Eran muchos”, pregunta ella. Y él, con cara resignada, contesta: “Más de mil”.
No hay periódico, revista, semanario, hoja parroquial que se precia que no haya hecho su dossier dedicado al Quijote. Este mes de abril le toca a la revista de historia Clio, editada en Barcelona: “Dossier el Quijote. Historias de un ‘top manta’ del siglo XVII”. En el dossier, publica Laura Manzanera, ‘periodista’, el artículo: ¿Qué hay de real en la novela?, donde, en una prestigiosa revista de historia, deja caer las siguientes perlas: “Barcelona […] es el único sitio real mencionado en El Quijote”… ¿qué pensarán en el Toboso de esto? ¿Qué los habitantes de Zaragoza, a donde debería haberse dirigido el hidalgo manchego de no haberse publicado el Quijote falso de Avellaneda en 1614? También se afirma que los primeros libros publicados en España vieron la luz en Barcelona (me imagino la carcajada de Julián Martín Abad), por lo que (y cito textualmente): “La Ciudad Condal tomaba la delantera, pues la imprenta no llegaría al resto de las grandes ciudades españolas incluida Madrid, hasta la segunda mitad del siglo XVI”. El 22 de noviembre de 1502 se termina de imprimir en Alcalá de Henares la Vita Christi del Cartujano, en el taller de Stanislao de Polonia. ¿No es acaso en estos momentos Alcalá de Henares una de las grandes ciudades y villas de España? “Virgensanta”… y lo que nos queda por escuchar y padecer.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ
Comenzamos un nuevo mes, un mes que podríamos bautizar el del libro, con el 23 de abril como centro y la entrega del Premio Cervantes como evento estrella, en especial para nuestra querida Alcalá. Será el mes de las semanas culturales en todos los centros educativos, el mes de los programas especiales en televisiones, radios, periódicos, semanarios… Como no estemos al loro, nos van a bombardear con lugares comunes, con medias verdades y mentiras completas. Es cierto que los académicos y los filólogos estamos haciendo de este centenario una montaña de bostezos (o al menos, la gran mayoría); pero no es menos cierto que no somos los más atrevidos, los más escandalosos, los más falsos y los más peligrosos en estos momentos. Permítanme acercarme desde esta ventana abierta en un periódico a otro de estos gremios, que llenan minutos de televisión y radio, y líneas y líneas en diversas publicaciones. Me refiero, como no podía ser de otro modo, a los periodistas.
Un hombre llega a su casa, después de una larga jornada, y mientras cuelga su abrigo, le comenta a su mujer que está leyendo un libro sentada en el sofá: “Cuando venía por la calle, si no llego a estar al loro, me dan una tertulia sobre el Quijote, me regalan un artículo monográfico sobre Dulcinea del Toboso y me preguntan sobre el precio del libro en 1605”. “Eran muchos”, pregunta ella. Y él, con cara resignada, contesta: “Más de mil”.
No hay periódico, revista, semanario, hoja parroquial que se precia que no haya hecho su dossier dedicado al Quijote. Este mes de abril le toca a la revista de historia Clio, editada en Barcelona: “Dossier el Quijote. Historias de un ‘top manta’ del siglo XVII”. En el dossier, publica Laura Manzanera, ‘periodista’, el artículo: ¿Qué hay de real en la novela?, donde, en una prestigiosa revista de historia, deja caer las siguientes perlas: “Barcelona […] es el único sitio real mencionado en El Quijote”… ¿qué pensarán en el Toboso de esto? ¿Qué los habitantes de Zaragoza, a donde debería haberse dirigido el hidalgo manchego de no haberse publicado el Quijote falso de Avellaneda en 1614? También se afirma que los primeros libros publicados en España vieron la luz en Barcelona (me imagino la carcajada de Julián Martín Abad), por lo que (y cito textualmente): “La Ciudad Condal tomaba la delantera, pues la imprenta no llegaría al resto de las grandes ciudades españolas incluida Madrid, hasta la segunda mitad del siglo XVI”. El 22 de noviembre de 1502 se termina de imprimir en Alcalá de Henares la Vita Christi del Cartujano, en el taller de Stanislao de Polonia. ¿No es acaso en estos momentos Alcalá de Henares una de las grandes ciudades y villas de España? “Virgensanta”… y lo que nos queda por escuchar y padecer.
ARTÍCULO PUBLICADO EN EL DIARIO DE ALCALÁ

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